El Dadaísmo inaugura un nuevo modo de pensar. Se lucha contra todo lo preestablecido, de ahí que sus manifiestaciones se denominen antiartísticas. El dadaísmo nunca estuvo fundado en teoría alguna y que siempre fue una protesta, de ahí que también se le conozca bajo el nombre de arte de repulsa. En la fundación del dadaísmo confluyen la decepción ante la situación mundial, el desencanto de pintores escasamente reconocidos y el deseo de llevar la pintura a la destrucción que por entonces asolaba Europa. El lema lo dio Bakunin: "La destrucción también es creación". Ahora prima el azar, aunque éste dé como resultado obras incomprensibles y faltas de un orden aparente. El objetivo era escandalizar a la burguesía.
En Nueva York, el Dadaísmo adoptó trayectorias diversas. Algunos de sus más importantes representantes son: Francis Picabia, y sus máquinas en que se burla de la ciencia, Man Ray, cuyos fotomontajes se divulgaron en la revista Camera Work, y Marcel Duchamp, cuya principal aportación es el ready-made . Éste consiste en entresacar un objeto de su contexto para situarlo en otro distinto que pertenece al ámbito de lo artístico. Esto supuso una gran transformación del concepto de arte. Los cimientos en los que se había fundamentado el arte empiezan a resentirse muy seriamente.
En París, el Dadaísmo halló seguidores, destacaron poetas que más tarde formarían el grupo surrealista.
En la "pintura dadaísta", se incorporan materiales de desecho, así se elevan a la categoría artística todos esos elementos para insertarlos en composiciones que se distinguían por su sentido estético. Luego el Dadá caminaría hacia el cansancio y la derrota. Pasada la histeria de la guerra se va derivando hacia otros movimientos.
El surrealismo actitud irracionalista del movimiento dadá derivó hacia un intento de mayor envergadura. André Breton aseguraba que la situación histórica de postguerra, exigía un arte nuevo que se esforzara por indagar en lo más profundo del ser humano. Bretón había contactado con las doctrinas de Freud, fundador del psicoanálisis, y entendió que la palabra escrita descurre tan de prisa como el pensamiento y que las ensoñaciones y asociaciones verbales automáticas podían ser métodos de creación artística.
El Surrealismo trata de plasmar el mundo de los sueños y de los fenómenos subconscientes. Este sector recóndito del ser humano se considera apto para el análisis artístico. Breton intenta descubrir las profundidades del espíritu. Así lo pone de relieve en su Primer Manifiesto del Surrealismo (1924): "Creo en el encuentro futuro de esos dos estados, en apariencia tan contradictorios, como son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, de surrealidad". El Surrealismo no sólo afectó al mundo de la pintura, sino también al cine, la fotografía, el teatro, la poesía... . El resultado es un mundo aparentemente absurdo, alógico, en el que los fenómenos del subconsciente escapan al dominio de la razón.
sábado, 2 de junio de 2007
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